Un duper bocinazo de Vida Guapa®

7.12.2005

Seis de cada diez

No lo entiendo. Será que soy Chaparrito®, será mi herencia asturiana; el hecho es que siempre he sentido cierta cercanía con las montañas y todo lo que haga referencia a ellas: las alturas, el alpinismo, Ícaro, Nietzsche, los cuadros de Bob Ross, y (por supuesto), las rusas. Es curioso que el propio destino me ha llevado si querer a frecuentar lugares de altura orográfica: vivo en el DF (alto), estudio en Santa Fe (muy alto) y trabajo en un quinto piso también en Santa Fe (acá hasta falta el oxígeno). Quizá por estas razones, mi Currículum Misionero® me ha llevado también por comunidades de alta montaña. De las muchas que he conocido, las que más se me han arraigado siempre han sido las más altas; quizá por las lunas que ruedan sobre la nube de todas las noches, quizá porque entre los picos montañosos el viento parece guardar fantasmas con forma de voz, quizá porque la gente, como si volara, parece llevar su propio tiempo.

Esta afición por las montañas me hizo sentirme irremediablemente unido con dos niños que conocí en dos comunidades distintas.

Mientras toda la región otomí del Mezquital es desértica al punto del dolor (literal: pocas cosas duelen tanto como un cardón en el zapato), la comunidad de Texcadhó ha brincado Traslomita™ y goza del honor de ser “el pueblo donde choca la nube”. Esto tiene sus inconveniencias y sus francas paradojas: el día que la nube baja, uno no es capaz de ver (con o sin gafas) a más de dos metros de distancia; la humedad puede volverse asqueroso lastre durante el verano, y las lluvias convierten la punta del monte en una isla sobre la vegetación. Sin embargo, la siembra no se da: los terrenos son demasiado disparejos. Aunque se diera, el transporte del producto sería imposible, dadas las veredas insoportablemente pequeñas que sirven como únicos caminos a la comunidad. El agua no falta considerablemente, pero la orografía impide que haya cualquier tipo de drenaje o sistema de distribución. Así, Texcadhó es un Rey Midas.

Ahí vive Cristóbal. El día que lo conocí, llevaba unas gafas oscuras de plástico y jugaba a cantar con un micrófono imaginado que era un tubo oxidado. Le tendí la mano: “Buenos días, Don Cristóbal”; el chico, que no habrá tenido más de cuatro años, se ofendió, y haciendo una mueca de hombre-de-la-gran-ciudad, corrigió mi saludo: “SEÑOR Don Cristóbal, por favor”. Desde entonces nos convertimos en buenos amigos. El niño era bastante solitario, pero guardaba de alguna forma un dejo de ternura que no podía más que recordarme a su madre, Gaudencia. Ella tenía 23 años y vivía sola con Cristóbal. “Su papá maneja camiones del otro lado”. Para nosotros comer en su casa era fantástico. Estaba en medio de árboles, tenía un corral y una casa adecuada al escaso tamaño de la pareja-familia. Gaude hablaba mucho con nosotros. De algún modo seguía siendo una joven de 23 años, y quería saber cómo se vive acá: los lugares, las ropas, los sonidos, olores e historias. Cuando escuchaba nuestras referencias, agachaba la mirada; en el fondo no ansiaba las calles ni los autos; ansiaba tener a alguien. Que su señor no estuviera conduciendo trailers, que volviera y tuvieran sus historias, sus olores y lugares. Eso lo descubrí el día que Cristóbal me enseñó los dibujos que tenía escondidos en el cuaderno de su mamá, al descubrir un poco sin querer que Gaude tenía más de sesenta escritos en un mes, en los cuales le escribía poesía erótica y romántica y épica y naturalista a su señor, quien, sin otras posibilidades, se había dejado de comunicar un mes atrás.

Cristóbal dibujaba sólo dos cosas entre los poemas de su mamá: trailers y montañas. Su pasatiempo favorito era perderse entre los peñascos y tentar a los animales de ponzoña, para después matarlos (con cuanta ironía fuese posible) a golpes de trailer de juguete. La última vez que estuve en Texcadhó, participé de una de estas travesuras. En la montaña, metidos entre los peñascos que asomaban un paisaje abierto y verde, me confesó que su padre mata insectos con su trailer. Y que la carne de los insectos gigantes se convertía en los nopales que le mandaba para comer. Por eso no le molestaba que su papá no estuviera: porque estaba matando grandes alacranes para mandarles comida. Gaude nunca desmintió esta versión.

De Cristóbal y Gaudencia no guardé una foto. No sé por qué, pero no lo hice. Hoy me arrepiento un poco.

El otro niño es Nico. Él vive en el Botho (comunidad a la que tendría que dedicar la publicación entera de otro blog). Los padres de Nico son ancianos. El chamaco fue el Pilón™ necesario por la falta de educación sexual en una comunidad (etnia) donde el simple conocimiento del español es un lujo. Como todos quienes viven en un desierto medianamente poblado de magueyes (relegados a su suerte un poco por la conquista, otro poco por la marginación), sus padres hacían pulque; como buenos pulqueros, lo bebían; como buenos bebedores, descuidaban a sus hijos, quienes, como buenos hijos descuidados, terminaron por hacer su vida y olvidarse de los papás. Pero Nico no. Y no, sencillamente, porque todavía sus pies no le dan. Porque no ha aprendido a distinguir entre la flor de garambullo y la espina de la uña de gato; porque todavía no sabe cuál es Ixmiquilpan y cuál el Espíritu; porque a media travesía entre los montes, sus zapatos se rompieron y un cardón se le clavó en el pie, y no pudo caminar hasta que lo encontraron llorando, horas después. Nico deambula por la zona, entre los cerros. Cuando alguien quiere, le da de comer; cuando alguien quiere, lo baña, o le da ropa. Nico es la montaña, porque no es nadie.

Yo no podía hacer mucho. Lo mejor que pude fue darle unos zapatitos, por si vuelve a intentar salir rumbo a Ixmiquilpan. Y de él conservo una foto:


Ayer dijeron en la tele que seis de cada diez latinoamericanos viven en pobreza. Mi hermano, aburrido, cambió el canal. Mis amigos dicen que no se puede hacer nada (o que los pobres son pobres porque quieren, o que la ayuda/apoyo a los pobres no serviría), y el gobierno dice que ya se hizo lo que se podía. Yo pienso en Cristóbal y Nico y no lo entiendo. Mi lógica no conecta los términos “pobreza/marginación” y “desidia/comodidad”.

No entiendo en qué momento la marginación, el hambre, la ignorancia y la pobreza, se convirtieron en "seis de cada diez", y todos tan tranquilos. Sencillamente, después de conocer a estos niños, no lo entiendo.

7 Comments:

Anonymous Adrian said...

Hasta ahora todos tus posts se me han hecho muy interesantes.

19:36

 
Anonymous lupilstinskin said...

chico yo también tengo un corazón que llora de impotencia, recuardos increíbles que me llaman a volver, una mente que me dice que demonios piensas, por que no haces nada, y mi conciencia Gritando MUEVETE, pero al finalo caigo en la rutina y yo misma me destrozo por mi apatía.
Hace tiempo decidí dejar de utilizar a las personas, decidida exclamé: no es necesario ir hasta una comunidad perdida por un micro instante, debo comenzar por casa. No era conciente de que esa decición traia consigo un responsabilidad mayor, pues es tan dificil tratar de mantener encendida la llama cada día, buscar actuar en lo cotidiano, desentumir mis sentidos de este constante zumbido citadino.
Rayosyo también extraño la eufória de esas semanas lejos de la rutina. La magia del encuentro humano.
Pero sigo con la misma idea, creo que se necesita más en donde menos se espera.
gracias por contribuir a despejar mis ideas.
Y aunque lo puedas llegar a dudar, tu voz se escucha, y tiene eco.
IO

01:42

 
Anonymous lupilstinskin said...

perdón por los dedazos y errores ortográficos, me emociono y luego ni releo lo que escribo JI
io

01:44

 
Anonymous Adrián said...

Lo que dice lupilstinskin es (en parte) cierto; "tu voz se escucha, y tiene eco";
yo soy de Sonora y ando leyendo tu blog.

02:06

 
Blogger zukkaritaz said...

Alguna vez vi una película (que creo se llama "La fuerza de uno"), que gira alrededor de unos chavalillos europeos que viven en la brutal opulencia™ en un país de África y se dedican (además de vivir en "sociedad") a enseñar a leer y escribir a los locales. La trama se enreda y al final después de mucha sangre, uno de ellos se queda en África con su amigo africano a enseñarles a más comunidades.

En determinado punto de la película el protagonista duda acerca de la labor que está llevando a cabo, cuando de pronto se le presenta una visión de una cascada y es ahí cuando decide quedarse... ahí, es cuando él se da cuenta que la fuerza de la cascada se forma del agua del río y que este río se forma de mil riachuelos y que estos riachuelos se forman de mil arroyos y así consecutivamente hasta que llegamos a pequeñas gotas que se van condensando poco a poco para unirse unas a otras...

Creo que de la misma forma todos podemos ayudar a tener un país más educado y trabajador, algunos tomarán como la mejor opción el análisis, habrá otros que tomarán como la mejor opción las visitas, habrá otros que en efecto enseñen. El truco es que todos hagamos algo.

Salu2.

P.D. Por cierto, no es general, pero la pobreza extrema muchas veces depende de cada quién, mi abuelo no sabía leer y nunca supo, y tuvo que hacer muchas cosas y caminar mucho para lograr lo que quería, trabajó muy bien su oficio... nunca faltó comida en su mesa y todos sus hijos y nietos fueron a la Universidad.

El punto es... de todos a los queremos o debemos enseñar... cuantos están dispuestos a aprender?...

12:02

 
Anonymous bonifaciopb said...

NICO... pues al entrar a esta pagina encontre la foto y una pequeña descripcion de la sutuacion en la que se encuetra pues solo es una recopilacion que podria decir un poco flicticia, ya que poco es cierto lo digo yo que soy su hermano mayor que tambien puedo decir que nosotros somos pertenecientes a una de las etnias (ñha-ñhus)lo cual es caracteristico, pero el sera con la ayuda mia un gran alguien en su comunidad.
al leer estas palabras que estan en la pagina me dio tanta tristeza y senzacion de llorar pero estar con el es una alegria, ya que es mi pequeño GRAN hermano.

18:44

 
Blogger Ruy Feben said...

Me ha dado un escalofrío, Bonifacio. Y lo digo en verdad: tu hermano es para mí una enorme razón para seguir. Para seguir buscando recursos, para seguir creyendo que la situación puede mejorar, para seguir creyendo que otra realidad es posible. Perdona si lo que aquí he escrito te parece despectivo; en ningún momento pretendo hacer menos a tu cultura, a tu comunidad, ni a tu familia. Sólo digo en este texto que no estoy de acuerdo con todas las cosas malas que veo en este país; que no estoy de acuerdo con que tu hermano tenga los zapatos rotos, y que no estoy de acuerdo con que tus padres no hayan contado con mejores oportunidades por culpa de un gobierno negligente, por culpa de una sociedad que se hace de oídos sordos.

Reitero mi disculpa, y reitero mi compromiso y apoyo.

20:37

 

Publicar un comentario en la entrada

<< Home