Un duper bocinazo de Vida Guapa®

4.09.2007

Estamos a la vuelta

Por alguna extraña razón que desconozco, pienso mucho mejor cuando estoy en el baño, sobre todo en el baño versión ducha. Supongo que algo tendrá que ver el masaje cefáleo que implican las cientos (miles) de gotitas cayendo en la cabeza; supongo que otro tanto irá a la cuenta de que mi signo zodiacal es de agua, lo cual significa que todo se me desarrolla mejor en ambientes húmedos. El caso es que, si viviéramos en la edad media o en el desierto del Gobi, lo más probable es que yo fuera (todavía más) retrasado mental.

Por aquel entonces yo llevaba poco tiempo rumiando una novela (que, por cierto, todavía no me atrevo a escribir) cuya única parte decidida era el título: “El dios del tráfico”. Tengo la impresión de que el argumento tenía algo que ver con el poder y la idiotez, y que la trama tenía que ver con una secta secreta que se encargaba de volver loca a la gente a través de la creación de tremendos embotellamientos imposibles. Creo que el desenlace algo estaba relacionado con la costumbre, un héroe frustrado y una secta invadida de su victoria pírrica, en un mundo donde la locura se convertía en la norma. Algo así. El título, que no ha dejado de gustarme, sirvió posteriormente para un cuento muy malo. Pero decía que por aquel entonces, debe haber sido principios del 2002, yo no podía pensar en otra cosa más que en el tráfico y sus posibilidades de conspiración global por la locura generalizada. Coincidió, por azares de dioses superiores a cualquiera, que por esa época me tocó cursar la clase de Taller de Periodismo, en la cual había dos opciones: o leer un insufrible libro de periodismo norteamericano, o participar en una revista electrónica de nombre “El Aullido”. Como siempre he sido mejor escritor que lector, y como por aquellos días me gustaba mucho Germán Dehesa, le decisión no fue difícil, y, mientras me duchaba una mañana de enero, se me ocurrió que mi columna en esa revista se llamaría “Claxon”, como apéndice ensayístico-periodístico de la novela que nunca escribiría.

La revista dejó de hacerse poco menos de un año después. Yo me convertí en la columna header de una idea periodística que por esos días nos emocionaba a algunos: hacer una suerte de periodismo literario-humorístico. El proyecto fue divertido pero corto. Durante más de un año dejé de escribir, y el Claxon no pasó de un ensayo para la clase de Ética (en el cual traté de comprobar, desesperadamente, que el claxon es la metáfora perfecta de la libertad periodística, entendida más como libertinaje, de la postmodernidad) y de un incidental en la novela que todavía rumié durante algunos meses. Fue hasta el 2004 que descubrí el blog y, sin muchas ganas de bañarme, opté por llamara a mi nuevo medio de expresión “Claxon”. La idea era clara: retomar esa suerte de periodismo sumamente personal, “humorístico”, “trascendental”, en un blog.

Hay que hacer una pausa y decir que yo no estaba en mi mejor época. Acababa de ser destrozado emocionalmente, no tenía idea de cuál era el rumbo de mi vida, y sólo tenía claro que quería gritar. Como no soy alto, mi mejor forma de hacerlo fue a través de lo único que siempre he hecho, que es escribir. Bien o mal, pero escribir para sacarme los demonios. Y debo admitir que, de principio, funcionó. Primero fue la diversión, luego la crítica, la relativísima fama, la tesis, la participación en comunidades, la indagación, las metidas de pata y algo de estrés. El blog fue creando un personaje que, en muchos momentos, fue mucho más (y mucho peor) de lo que yo mismo quise trazar: un Ruy Feben quizá demasiado ácido, demasiado enojado, demasiado inconforme o demasiado estúpido. Un Feben desproporcionado que sólo respondía por una de las facetas de Ruy Feben completo.

Fueron 185 posts, un blog fantasma para backupear links necesarios, un personaje que, finalmente, fue creado en el baño, en el momento en el que mejor pienso y mejor soy. Un personaje que se tropezó a solas varias veces (haciendo un ruido tremendo que hizo voltear a varios), que se tomó demasiado a la ligera o demasiado en serio. Que terminó escribiendo una novela y provocando cosas; que escribió una tesis que (modestia aparte) jamás había sido siquiera esbozada por los teóricos más picudos de la “sociedad red” y las nuevas tecnologías de información. Como ejercicio, el Claxon fue como un baño de tres años con su respectiva consecuencia psicológica, sociológica, tecnológica, intelectual, literaria y hasta religiosa. Sin duda la experiencia que más ha cambiado mi vida y por la cual estoy más agradecido.

Y tan agradecido estoy, y tanto ha cambiado mi vida, que hoy he decidido (de una buena vez, de manera contundente y completamente cierta y resuelta) terminar con este blog. Con el Claxon. Razones hay: por un lado, este blog ya está más acabado que lo más; hace casi cuatro meses que nada nuevo aporta; por otro lado, el personaje Ruy Feben ya se cansó de ser un reaccionario contradictorio y falaz, y quiere retomar su verdadero ser inicial: el escritor, y no el bromista; finalmente, y ésta es la razón que más importa, la vida ya no es la misma. Ya no tengo esta necesidad de buscar así, un poco a lo loco y un tanto más a lo agrio (como tocando el claxon en un embotellamiento, como loco entre locos) un sentido. Por otra parte, este blog, como idea inicial, ha cumplido un ciclo importante, por lo menos para mí, pero ciclo al fin. Finalmente, el propio espacio que este blog llenaba tanto en la blogósfera (si es que alguno llenaba) como en mi vida, ya se ha poblado de otros menesteres. De tal suerte que el Claxon, como idea, como guarida, como espacio y como frente, como lugar feliz y como participante de una nueva forma de comunicación, se va.

Hace alrededor de un año tuve una muy fuerte discusión sobre la naturaleza del blog. Mi interlocutora decía que es un medio de comunicación; yo siempre lo vi más como un espacio de comunicación, que es muy distinto, y así lo interpreté y utilicé. Mucho se habla sobre el blog como herramienta; mucho de la generación You Tube, mucho de los usos periodísticos, mucho de la nueva tecnología y de los usos que se le pueden dar de cara a un poder mediático ya de por sí establecido. Desde mi punto de vista (y así quedó sentado en mi tesis), el blog permite pensar en fronteras y aduanas, en nuevos tratados de libre comercio simbólico y comunicacional. No fue vano que mi tesis versara sobre los usos de esta herramienta como espacio de comunicación intercultural, como instrumento de nuevos entendimientos. Si mi tesis pasará como eso es otra cosa. Lo que quiero decir es que en nuestras manos está hacer de los medios de comunicación sitios desde los cuales se pueda pensar en un nuevo intercambio, en una nueva justicia. Para ello habrá que pensar fuera de la tapa (no sé si, por ejemplo, y va una buena idea para los psicólogos interesados en este rollo, alguien ha indagado sobre las implicaciones terapéuticas del blog; creo que eso, al igual que pensar en el blog como una herramienta de intercambio más que de información, sería otro paso fuerte hacia nuevas fronteras). Ésa es otra razón para cerrar el Claxon for good: a pesar de que éste nunca fue como tal un blog personal, la idea es dejar de escribirlo como si lo fuera, o dejando la posibilidad de que así se lea.

Agradecimientos hay miles y no planeo hacerlos exhaustivos ahora. Los implicados se sabrán en la lista. Hacer un recuento me parece también vano: ya Borges habló sobre los problemas de intentar trazar mapas demasiado exactos. Creo que sólo queda decir lo que dijo Cerati en el último de Soda, speech que todos conocemos hasta la náusea y que no repetiré. Sólo gracias, así, sintéticas y fulminantes. Gracias por un periodo entrañable y fundamental, por lecciones gratas y por momentos increíbles. Gracias por dejarme ser pluma.

Tampoco es para lamentarlo, vamos. El futuro tiene guardado más de Feben, en otros formatos. El Claxon se cierra, pues, pero la gozadera sigue.

Para cerrar, la frase que para mí significó el punto culminante de este blog: “escribimos como si nos hubieran extirpado la vida, por miedo a que nadie quiera tocarla”.

De nuevo gracias. Por mi parte, seguiré leyendo y me seguiré bañando. It’s a deal.

UPDATE

¿Y dónde podemos encontrarnos de nuevo? Fácil: en www.ruyfeben.blogspot.com, la nueva dirección de una nueva gozadera. Los esperamos.